La verdad no se pide, se exige: Araceli Ocampo Manzanares clama por memoria y justicia en el Día Internacional del Derecho a la Verdad

Chilpancingo, Guerrero, a 25 de marzo de 2026.-En el marco del Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con las Violaciones Graves de los Derechos Humanos, la diputada local Araceli Ocampo Manzanares hizo un enérgico llamado a no olvidar el pasado y a saldar la deuda histórica que el Estado tiene con las víctimas de violaciones graves a los derechos humanos.

La legisladora guerrerense recordó que esta efeméride, proclamada por la Organización de las Naciones Unidas en el año 2010, se conmemora cada 24 de marzo en honor al arzobispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980 por denunciar la violencia, la represión y las injusticias en su país. Su asesinato, lejos de silenciarlo, convirtió su legado en un símbolo universal de la lucha por la verdad y la dignidad.

“Hay fechas que no se recuerdan, sino que se sienten”, afirmó la diputada Araceli Ocampo Manzanares desde la tribuna del Congreso del Estado. Subrayó que el derecho a la verdad no es una concesión del poder, sino una exigencia inalienable de la dignidad humana.

La parlamentaria enfatizó que para las víctimas y sus familias esta fecha representa una herida que sigue abierta y que solo puede sanar con justicia, memoria y el pleno reconocimiento del daño causado por el Estado.

Señaló que el derecho a la verdad representa un acto de resistencia frente al olvido institucional. Explicó que los regímenes represivos no solo desaparecen personas, sino que también buscan borrar los hechos, las pruebas y las historias, por lo que la memoria colectiva se convierte en una poderosa forma de lucha.

La diputada recordó que América Latina ha pagado un alto costo por la mentira institucionalizada. Durante las dictaduras militares del siglo XX, miles de personas fueron víctimas de desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, torturas y detenciones arbitrarias, muchas de ellas coordinadas a través de la Operación Cóndor entre países como Argentina, Chile, Uruguay, Brasil y Paraguay.

En México, aunque no se vivió una dictadura formal, el autoritarismo se manifestó con igual violencia. La diputada citó la Masacre de Tlatelolco en 1968 y el Halconazo de 1971 como ejemplos claros de la brutal represión estatal contra jóvenes que demandaban democracia.

También mencionó la persecución sistemática contra movimientos ferrocarrileros, médicos, campesinos y magisteriales, así como el uso generalizado de la tortura y las detenciones arbitrarias como herramientas de control político durante esas décadas.

Araceli Ocampo Manzanares puso especial atención en la realidad de Guerrero, donde durante la llamada “Guerra Sucia” cientos de personas fueron desaparecidas por el Estado, comunidades enteras fueron hostigadas y líderes sociales perseguidos por exigir justicia.

“Lo digo no solo como diputada, sino como hija de la memoria”, expresó con firmeza. Reveló que su padre, Isac Ocampo, fue preso político y compartió prisión con el maestro Genaro Vázquez Rojas, ícono de la resistencia guerrerense. “La verdad sigue siendo una deuda que el Estado aún no ha saldado”, añadió.

La legisladora lamentó que muchos nombres continúen ausentes en los registros oficiales y que numerosas historias permanezcan enterradas en archivos cerrados, fosas clandestinas y expedientes incompletos.

Como parte de sus acciones legislativas, informó que presentó una iniciativa para reformar la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Guerrero, buscando incluir la voz de las víctimas en los procesos de investigación y recomendaciones, con el fin de garantizar mayor transparencia y apego a la verdad.

“No puede haber reconciliación sin verdad. No puede haber justicia sin memoria. No puede haber democracia mientras persista la impunidad”, sentenció la diputada.

En el contexto de la grave crisis de desapariciones que vive el país, Araceli Ocampo Manzanares celebró el llamado de la Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, para que todas las instituciones atiendan con empatía esta dolorosa problemática.

Como hermana de un hermano desaparecido, dirigió un mensaje especial a las madres buscadoras: “Sé que cada persona desaparecida es una ausencia que grita”.

Finalmente, desde la tribuna del Congreso, lanzó un llamado firme e inquebrantable: “Que la historia deje de escribirse con omisiones. Que nunca más un Estado persiga a su pueblo. Que nunca más la justicia llegue tarde. Que nunca más la verdad sea enterrada”.

“Porque la verdad no solo libera, la verdad dignifica. Y un país sin verdad es un país sin futuro”, concluyó Araceli Ocampo Manzanares.